TRES ACTITUDES QUE CAMBIARÁN SI VAS A UN PSICOTERAPEUTA DE VERDAD

Ir a un psicólogo de verdad

Cuando hablamos de psicoterapia nos referimos a la relación de ayuda que te ofrece el psicólogo clínico o el psicólogo general sanitario.

Psicólogos los hay de muchas orientaciones (cognitivo-conductual, existencialista, humanista,…) pero todos tienen algo en común, son licenciados en psicología y sus terapias están validadas por la comunidad científica. Y discúlpame, pero si yo fuera tú, rechazaría imitaciones. 

El coaching, el yoga, la terapia farmacológica o el chamanismo, aunque tengan intención de ayuda, no son psicoterapia. Incluso si alguna de estas prácticas las realiza un licenciado en psicología. El psicólogo que en sus sesiones hace acupuntura, meditación trascendental, reiki o regresiones a vidas pasadas, en ese momento, no está haciendo psicoterapia.

La salud mental es cosa muy seria, así que si te animas a hacer una terapia “de verdad” tendrás que cambiar el “chip” en algunos aspectos, veamos cuales.

1) Pensar que todos los problemas psicológicos son enfermedades del cerebro

Muchas personas creen que todo dolor o sufrimiento ha de tener necesariamente una causa orgánica y por eso van al médico de cabecera en primer lugar. Por ende piensan que si lo que les pasa es físico, habrá una forma de curarlo, en otras palabras, se podrá corregir con medicamentos.

Si la siguiente parada es el psiquiatra, con gran probabilidad, saldrás con un diagnóstico psicopatológico y una receta en el bolsillo. Pero si por casualidad aterrizas en la consulta del psicólogo, te darás cuenta de que las averías de tu cerebro no le interesan demasiado. Notarás que no te trata como un enfermo, que te pide participación activa y que más allá de tus síntomas, te hace preguntas sobre tu vida. Eso ya le tira para atrás a muchos, que dejarán la terapia a las pocas sesiones, si no a la siguiente. ¿Que por qué? pues porque es mucho más fácil la posición pasiva del enfermo que exige ser curado.

Me atrevería a decir que generalmente las personas que acuden directamente a psicoterapia, por elección propia y sin coacción, tienen unos cuantos puntos ganados en cuanto a responsabilidad.

Los psicólogos no negamos la existencia de los déficits cognitivos, las disfunciones neurológicas o neurohormonales. Tenemos en cuenta que los trastornos psicóticos, como la esquizofrenia, necesitan obligatoriamente un tratamiento farmacológico. Sencillamente no son nuestro objeto de trabajo.

Hablando claro, actualmente está de moda hacer de cualquier conducta o dificultad humana una enfermedad. A nadie del siglo pasado se le habría ocurrido llamar a la timidez trastorno de ansiedad social, a la tristeza de haber perdido a un ser querido depresión, o a la vagancia de un niño que no quiere estudiar déficit de motivación. Un falso diagnóstico potencia las actitudes irresponsables ya que “si yo soy así, nunca cambiaré” y coloca la responsabilidad de la mejoría sintomática en el médico o en la pastilla de turno.

En psicoterapia se trabaja con la persona, con el significado que ésta le da a las cosas que le pasan en la vida y no con su hipotálamo o su córtex prefrontal. Cuando tomamos un antidepresivo o un ansiolítico obtenemos un alivio sintomático pero no tenemos ni idea de cómo actúa el fármaco en nuestro cuerpo ni nos hace falta saberlo, nuestra participación en el tratamiento es pasiva. Ahí sí que podemos hablar de paciente con propiedad. En cambio la postura del que va a psicoterapia es en todo momento activa y responsable, el que pide ayuda es el agente de su cambio en colaboración con el terapeuta.

Ah, y si el psicólogo no te etiqueta no significa que no tenga idea de lo que te pasa. ¿Sabías que un psicólogo experto está capacitado para elaborar una hipótesis diagnóstica en los 10 primeros minutos de entrevista?

2) Creer que todo lo que te pasa es cosa del destino, la fatalidad o de una vida pasada.

Si vas a psicoterapia el terapeuta te contará (sobretodo si es existencialista) que la vida no tiene un sentido predefinido. De hecho la vida no tiene sentido en sí, pero nuestra vida sí. Nosotros le damos sentido y la vamos definiendo en base a las decisiones que vamos tomando. Es decir, que somos libres queramos o no y renunciar a ésta libertad implica muchas veces convertirse en parásito de otros, como sucede con el victimismo.

La psicoterapia no te permitirá acomodarte en el sillón del destino. Porque el destino por definición no se puede cambiar, es fatal en el sentido de fatum (lo dicho). Con el destino no se puede operar porque es una idea metafísica y los que creen operar con él (adivinarlo o alterarlo) ya entran en el terreno de la parapsicología.

Tampoco nos casamos con la idea de “suerte”. “Tengo muy mala suerte” no va a ser excusa para tu terapeuta no te pregunte qué vas a hacer con ella o explore de donde procede. Y te aseguro que no buscará en otro mundo que no sea en éste.

El vacío que se ha abierto con la decadencia del cristianismo en nuestro país nos ha dejado muy hambrientos de espiritualidad. Tanto que hemos acogido de forma entusiasta y acrítica a las religiones orientales y con ellas hemos incorporado la idea de reencarnación. Ya no es ninguna excentricidad escuchar a los pacientes atribuir la causa de algún problema a una vida pasada. El que cree estar atrapado (o acomodado) en el ciclo del samsara va acumulando conflictos sin resolver de otras vidas. Algo así como misiones, que son molestas pero tienen la virtud de dar un sentido predeterminado a la vida. La idea de haber venido a esta vida por algo y para algo en vez de espeluznar parece que consuela a muchos. Una especie de pereza existencial ya que si nos dan el sentido de la vida hecho, ya no lo tenemos que construir nosotros.

Pero también representa una manera muy sutil de culpabilizar a los individuos de sus males “si te pasa esto, es que algo habrás hecho” o peor aún, porque quizá estás pagando los pecados de tus padres.

En psicoterapia puedes estar tranquilo, porque a no ser que visites a Brian Weiss, se trabajará con tu vida presente con tanto interés como si fuera la única que vas a vivir.

3) Esperar que con una actitud positiva y pidiendo al universo ya está todo hecho

Y esta creencia no es exclusiva de inexpertos en psicología, la psicología positiva está de moda y las librerías rebosan de libros escritos por psicólogos hablando de tautologías (verdades de perogrullo) como si fueran grandes revelaciones y ostentando un pensamiento mágico que sería más propio de las secciones infantiles. No hay evidencia científica alguna de que la psicología positiva sirva para algo pero resulta muy rentable. El capitalismo tiene esa manía transformarlo todo en un producto comercial, ¿por qué no también el buen rollo?

Si algo le reprocho a la psicología positiva es de olvidarse que el ser humano, de donde más aprende, es de las experiencias negativas y las dificultades y que negar la crueldad del mundo y su fealdad es un acto de cegera culpable.

En cuanto a los mensajes cósmicos, siento mucho lo que te voy a revelar, pero el universo no tiene orejas. De hecho el universo no es una cosa, tampoco una persona y en el caso de que lo fuera, nuestros problemas infinitesimales le serian irrelevantes.

Rogarle al universo es la versión postmoderna de rezar a Dios o enviar la carta a los reyes magos. Se llama pensamiento mágico y todos lo tenemos, lo desarrollamos entre los 2 y los 6 años. Pero si de algo sirve madurar es para dejar de tomarse la ficción en serio. Libros como El secreto o Pide y se te dará han hecho bastante daño a la racionalidad humana pero si han sido bestseller es porque tocan con esta parte mágica que nos constituye. Nos encantaría que solo tuviéramos que desear algo para que nos fuera concedido, nos maravillan los cambios rápidos, los milagros y las bendiciones caídas del cielo.

Si vas a psicoterapia te darás cuenta de que no siempre sales alegre de las sesiones, que algunos cambios no son tan fáciles, que muchas veces implican esfuerzo y renuncias, que la realidad a veces se hace difícil de aceptar, que tendrás que enfrentarte a tus miedos y que cuando termines no se abrirá una piñata con confeti. Tendrás que volver al ruedo, a la vida que te planteará nuevos conflictos. Pero ésta vez equipado con un alto conocimiento de ti mismo y con el poder no de la magia sino el que te da el haberte hecho más autónomo.

Elia Quiñones

Psicóloga, terapeuta de pareja

Experta en T.D.M

Posted on mayo 2, 2017 in Psicología, Psicología y escepticismo, Vida Estética

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