Psicología y moda: El Hábito no hace al monje

Mi interés por el mundo de la moda viene desde muy joven. Eso no me ha impedido formarme como periodista, interesarme por la cultura y estar al tanto de toda la actualidad -apunte: me apasiona la política-. Sin embargo, muy a menudo me encuentro con que tienes que justificar el porqué te interesa la moda, como si fuera algo demasiado banal. Es por esto que me apetecía conversar sobre psicología y moda con algún profesional. Y así lo he hecho.

Elia Quiñones es psicóloga, terapeuta sexual y de pareja. Compatibiliza el trabajo en su consulta con intervenciones en diferentes medios de comunicación. Sonríe constantemente, es una lectora empedernida y en su imagen le da especial importancia al maquillaje. Sobre su mesita de noche siempre tiene un libro de psicología y otro de poesía: sus dos pasiones. Con la psicología llega a los demás y con la poesía a sí misma. Y hoy va a llegarnos a todos a través de esta entrevista en MAG.

Me convoca en Mitte Barcelona (Bailén, 86), donde se reúne a menudo con su club de poesía. No podría haber elegido mejor sitio. Justo esos días el local acogía la exposición Outside-Inside, una muestra de artistas, ilustradores, diseñadores de moda que invitaba a reflexionar sobre la moda como forma de expresión, la relación entre como nos sentimos y como nos vestimos. Increíble coincidencia. El entorno era perfecto. Nos sentamos y le doy al REC.

 Elia Quiñones: Aunque estoy acostumbrada, estoy algo nerviosa porque no quiero que se me olvide nada. Córtame si ves que hablo mucho.

DaniFBellver: No hará falta. Di todo lo que te apetezca. Esto es una conversación, no más.

Elia Quiñones: Vamos a ello.

Dani: Hay algo de lo que a menudo me tengo que defender. Se acostumbra a tachar a la gente que sigue las tendencias de falta de personalidad, porque se rige por lo que dictamina el sector de la moda. Yo siempre digo que es un estilo más.

E: No existe nadie que no tenga personalidad, todas las personas tenemos personalidad. Una cosa es tu ser y otra el disfraz que te pones para actuar dentro del teatro que es el mundo. Existen más personas que estilos, así que siempre habrá gente que se parezca a ti, que siga un estilo parecido. Pero no son más que formas de presentarse ante los demás, formas de existir.

Los adolescentes son un buen reflejo de este aspecto de la moda. El adolescente es un pre-adulto. Se mueve entre diferenciarse del resto y pertenecer a un grupo. Si se hace gótico, pertenece a un grupo y se desmarca de otros. En la mayoría de casos son indumentarias postizas que se utilizan mientras se va definiendo la propia personalidad.

Tener una estética determinada, no significa tener una personalidad determinada. Si así fuera los psicólogos lo tendríamos muy fácil y en los manuales haríamos la clasificación según la forma de vestir. Pero no es así.

D: ¿Habla la moda sobre uno mismo?

E: Teniendo en cuenta que la personalidad ya es un conjunto de rasgos que son adquiridos, la moda forma parte de estos rasgos. La indumentaria va más allá de su función práctica. No dice tanto de tu forma de ser, sino más bien de tu forma de estar en este mundo. La forma de vestir nos da información, datos, sobre el estatus social y económico, sobre la edad, la nacionalidad, profesión, gustos musicales, creencias religiosas e incluso políticas. No viste igual una persona radicalmente de izquierdas que de la derecha conservadora.

D: Entonces también hay algo de relación entre cómo eres y cómo vistes…

E: La indumentaria nos da algunos datos sobre la persona, pero no todo. No podemos saber cómo es un ser humano al completo solamente fijándonos en cómo viste. La moda no dice nada acerca de tu biografía, sobre tu forma de relacionarte, sobre cómo amas, ni sobre tus valores profundos. La moda lo que indica es que somos un ser social y puede aportar algún dato sobre algún rasgo de la personalidad.

Una persona histriónica, tiende a llamar la atención. Busca el afecto, ser reconocida por los demás. Entonces con su indumentaria trata de llamar la atención: utiliza colores y elementos llamativos, sigue las tendencias, y busca mucha variación y contrastes en su forma de vestir. En el caso opuesto, un obsesivo, es una persona más rígida, lineal, fría.  Sigue un orden y no le interesa que los demás le acepten, sino que no piensen mal de él. Este tipo de personas prefieren no destacar en su forma de vestir y se valen de colores neutros y escalas monocromáticas. La discreción es un valor para este tipo de personas.

D: Pero imagino que siempre habrá gente más susceptible que otra a caer en lo que dictamina la moda.

E: En general es gente que compite en el mercado social. Pensemos en una señora que ronde los 50 años, con un trabajo administrativo, casada. Su vida es trabajar y cuidar de su familia. A esta persona, pese a que pueda tener sentido de la estética, la moda probablemente no le es prioritaria, para ella tiene un carácter más práctico.

Sin embargo, las personas que están en situación de competitividad a nivel personal o profesional, tenderán a prestar más atención en cómo visten, utilizando su indumentaria como un arma más.

D: Volviendo al principio de la conversación, la moda también se acostumbra a asociar con superficialidad y, en consecuencia, a menudo se tacha de simple a la gente que sigue las tendencias, como si fuera algo banal que no te permitiera hacer otras cosas. Que absurdez, ¿no?

Totalmente absurdo, la moda no es excluyente en ese sentido. Tendemos a estereotipar para simplificar la realidad. Se tacha a la gente que va a la moda de superficial, pero la moda no dice como es la persona, si es culta o no, si es reflexiva, profunda… Una persona simple es un ser humano que está en el mundo con una caja de herramientas poco llena, en analogía con lo que es la mente. Pero tanto una persona simple como una persona con una mentalidad más compleja, con más inquietudes, pueden ir a la moda. El hábito no hace al monje.

La moda se asocia a frivolidad por su carácter variable, de cambio constante y renovación. La moda es muy efímera. Esto le resta cierta credibilidad. Pero no olvidemos que la idea de cambio constante también es un valor de nuestra sociedad actual.

D: Lo cierto es que una persona bien vestida y que se preocupa por su imagen acostumbra a destacar, pero no siempre en positivo…

E: Volvemos a un estereotipo que habría que romper. No tiene nada que ver el tocino con la velocidad. En un puesto de trabajo, por ejemplo, se trata de utilizar una indumentaria acorde al puesto. Si seguimos esas reglas y destacamos por llevar una imagen cuidada, es un valor añadido. Aunque sí que puede ser un arma de doble filo. Quizás consigamos la aprobación de nuestros jefes, pero generemos envidias entre algún compañero. Es lo que tiene la sociedad competitiva. Si destacas en algo, corres ese riesgo. Para competir tienes que desmarcarte y, al desmarcarte, te acercas a tus objetivos, pero te puedes alejar de los demás.

D: Realmente, ¿qué es lo que ha provocado que en los últimos años la imagen sea tan fundamental?

E: Para que la imagen y la moda estén en un auge, tiene que haber valores en la sociedad que la sustenten. Hoy en día estamos ante una sociedad hedonista, una de las características de la sociedad del consumo, de la sociedad postmoderna. Vivimos en una sociedad narcisista, auto-erótica, enamorada de sí misma. El hedonismo es una forma de autoerotismo, de auto-enamoramiento. Priman valores como la búsqueda del placer, el estar presente, el aquí y el ahora, el miedo a envejecer. Y la moda en esto tiene un papel muy relevante.

D: El concepto consumismo y moda siempre van muy de la mano…

E: Aunque se acostumbre a asociar el concepto de consumismo a la industria de la indumentaria, lo más ajustado a la realidad es que se da en todos los sectores. Últimamente una de las modas más extendidas es la alimentación ecológica y las pseudomedicinas (homeopatía, terapias energéticas, reiki, etc…). Estas personas se definen como alternativas, anticonsumistas y creen que transgreden el sistema, sin embargo están participando del mismo, la única variación es el objeto de consumo. Y si alguien puede argumentarme que hay diferencias entre vaciar la tarjeta de crédito en una tienda de ropa o de tecnología y gastarse medio sueldo en un supermercado ecológico, en la consulta del pseudomédico o en la farmacia alternativa del barrio, le escucharé encantada.

D: Y en cuanto a las diferencias hombre-mujer, ¿por qué históricamente la mujer siempre se ha preocupado más por su imagen que el hombre?

E: Hay muchos factores implicados. Es una cuestión histórica, educacional, cultural, sociológica. A todos los niveles. La función de la mujer, históricamente, ha sido decorativa y reproductiva. La indumentaria de la mujer iba destinada a marcar y resaltar sus signos físicos de feminidad, mostrar parte de sus atributos y realzarlos. Todo esto se ha ido arrastrado hasta el día de hoy.

D: Aunque es evidente que en los últimos años ha sido brutal como ha evolucionado el sector masculino en moda y cuidados en general.

E: Han sucedido muchas cosas. Para empezar, porque la sociedad del consumo lo posibilita. La producción en serie ha abierto mercados y cada vez la industria ofrece más opciones a los hombres. La idea postmodernista de cambio constante, de cambiar de ropa cada temporada, ya es universal, no entiende de géneros. Incluso la normalización del movimiento gay ha contribuido a que el hombre se interese cada vez más por la moda. Estamos en la sociedad de la imagen, la imagen tiene poder. Lo vemos a todos los niveles. ¡Si llevamos una cámara de fotos siempre con nosotros en nuestro teléfono móvil!

D: ¿Y cómo reciben las mujeres este interés creciente del hombre en su propia imagen?

E: El gusto se va entrenando. Antes era impensable un hombre depilado, ahora está más aceptado, nos hemos ido acostumbrando. Tema barbas. Hace unos años daban un aspecto desaliñado, ahora los hipsters las han puesto en la cresta de la moda. Aún así, siempre serán más aceptados en unas generaciones que en otras. De hecho hay muchas mujeres que no asocian el hombre que se cuida a un hombre atractivo.

D: No podemos acabar esta conversación sin hablar de uno de los elementos que refleja claramente todo este tipo de sociedad de la que hablamos: el espejo.

E: El papel del espejo es importantísimo hoy en día. El espejo debe tener un sentido positivo. Es un fiel amigo, nuestro aliado. Es como un bastón, que nos ayuda a ir adaptándonos a cómo nos afecta el paso del tiempo, el envejecimiento.

Eso sí, tengamos en cuenta que el espejo nunca te devuelve la imagen exacta de cómo eres. Una cosa es lo que te devuelve el espejo y otra como tú interpretas esa imagen que te devuelve. No existe la realidad objetiva, existe una interpretación de ella. Tu imagen es subjetiva. Lo que recibes pasa a través de tu mente, y de los conceptos que tienes de ti mismo, de tus expectativas, de lo que deseas, de tu concepto de belleza.

D: Y esta gente que está obsesionada en mirarse constantemente en un espejo…

E: Lo que indica mirarse a menudo al espejo es que te importa tu imagen. A priori no se puede saber si es por arrogancia o inseguridad. El hecho es que te importa tu imagen. El motivo puede ser muy distinto según la persona. Para un narcisista, mirarse constantemente es un acto de autoerotismo, de obtener placer a través de tu propia observación. Sin embargo, un obsesivo puede mirarse constantemente para evitar la crítica, por miedo al rechazo.

Y aunque podríamos haber seguido horas hablando, Elia tenía un recital de poesía. Para ella la palabra es la vía y el canal con el que llega a sí misma. Y eso no hay moda que lo pare.

 

 

http://masalladelgallumbo.wordpress.com/2014/02/20/psicologia-y-moda-el-habito-no-hace-al-monje/

Posted on febrero 20, 2014 in Psicología y moda

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